Soledades Permanentes

by Ensamble Kuai

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"Introducción: Un sueño casual"/"Parte I: Rumor de Muerte" compuesto por Jazmín Prodan. Solo de saxo tenor: Pablo Moser
"Parte II: Relatar el Mundo" compuesto por Andrés Elstein. Solo de saxo soprano: Emmanuel Famin; solo de trompeta: Sebastián Greschuk
"Parte III: Los Silencios" compuesto por Damien Poots. Solo de flauta: Emmanuel Famin; solo de saxo tenor: Pablo Moser
"Parte IV: Murmullos/Bronca Buenos Aires" compuesto por Juan Bayón y Jorge Lopez Ruíz con arreglo de Juan Bayón. Solo de saxo alto: Lucas Goicoechea; solo de saxo tenor: Juani Méndez; solo de batería y percusión: Andrés Elstein y Fran Cossavella

Esta obra es un homenaje al compositor Jorge Lopez Ruíz, en base a su concerto "Bronca Buenos Aires" (1969). Escrita colaborativamente entre Jazmín Prodan, Andrés Elstein, Damien Poots y Juan Bayón, cada movimiento de "Soledades Permanentes" funciona como un espejo extraño de su contraparte original. La meta-obra resultante es el homenaje del colectivo Kuai a uno de los primeros compositores de peso del jazz argentino.
Producido y coordinado por Juan Bayón

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"Introduction: Un sueño casual"/"Part I: Rumor de Muerte" composed by Jazmín Prodan. Tenor sax solo: Pablo Moser
"Part II: Relatar el Mundo" by Andrés Elstein. Soprano sax solo: Emmanuel Famin; Trumpet solo: Sebastián Greschuk
"Part III: Los Silencios" composed by Damien Poots. Flute solo: Emmanuel Famin; tenor sax solo: Pablo Moser
"Part IV: Murmullos/Bronca Buenos Aires" composed by Juan Bayón & Jorge Lopez Ruíz, arranged by Juan Bayón. Alto sax solo: Lucas Goicoechea; tenor sax solo: Juani Méndez; drums & percussion solo: Andrés Elstein & Fran Cossavella


This record pays tribute to the great composer Jorge López Ruíz and is based on his album “Bronca Buenos Aires” (1969). Jazmín Prodan, Andrés Elstein, Damien Poots and Juan Bayón have written it collaboratively. Each movement of “Soledades Permanentes” is a very intimate reinterpretation of López Ruíz’s pieces, and though these four young composers pay respect to the mood of its original release, the sound and spirit of Kuai Music is still there.
Produced and coordinated by Juan Bayón


(KUAI050)

credits

released April 17, 2018

Jazmín Prodan: vocals
Sebastián Greschuk: trumpet
Lucas Goicoechea: alto sax
Emmanuel Famin: alto & soprano sax, flute
Juani Méndez: tenor sax
Pablo Moser: tenor sax
Sebastián Mazzalupo: baritone sax
Nataniel Edelman: piano
Damien Poots: guitar
Juan Bayón: bass
Andrés Elstein: drums
Fran Cossavella: percussion

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Grabado el 31 de julio de 2017 en Doctor F, Buenos Aires
Ingeniero de grabación: Florencio Justo & Agustín Silberleib
Mezclado y masterizado por Florencio Justo en Doctor F
Un agradecimiento enorme a ellos de parte de Kuai por ser parte integral de este proyecto.
Arte de tapa: Nicolás Gaggero

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Recorded on July 31th 2017 at Doctor F, Buenos Aires
Recording Engineer: Florencio Justo & Agustín Silberleib
Mixed and mastered by Florencio Justo at Doctor F
Thank you Florencio and Agustín from all the Kuai staff for your commitment and support during this process.
Cover art: Nicolás Gaggero

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Y GRITÓ COMO AQUEL

Sergio Pujol

El acorde crispado de los metales con el que se cierra la introducción a Soledades Permanentes es quizá – dejemos las definiciones asertivas a la ciencia - el signo dominante de todo el álbum. Como tal, conecta Bronca Buenos Aires de Jorge López Ruiz con el Ensamble Kuai, dirigido en esta ocasión por el contrabajista Juan Bayón.

Buenos Aires, 1970-2018. La conexión podrá resultar un tanto sorprendente, pero no es producto de una voluntad chauvinista extemporánea. Menos aún, de una rivalidad entre técnicas y expresividades de estaciones diferentes. Sencillamente se trata del reconocimiento que un colectivo de músicos jóvenes le hizo a un legado. En ese legado pueden leerse tanto el gesto de una rebelión política (“Yo me animo/ dijo alguien/ y gritó como aquel/ como nosotros/ como ustedes”) como la afirmación de que, allá por los años 60/70, era posible imaginar jazz desde el sur.

Estamos habituados a que “el compromiso” se exprese a través de canciones de protesta, temas airados que interpelan a los poderes sin mayores metáforas. En esa línea hubo – hoy quizá menos – canciones buenas y malas. Pero ese es otro tema. Aquí importa la relación entre la bronca y el jazz. Entre el malestar social y una música de destino cosmopolita. La primera lección que podemos extraer de esta historia es simple y contundente: el jazz en la Argentina no permaneció pasivo en tiempo del Cordobazo y otras sublevaciones. O al menos Jorge López Ruiz y el poeta José Tcherkaski no se quedaron quietos.

Han transcurrido casi 50 años desde aquel concierto para recitante, solistas, coro y orquesta de jazz. Jorge lo compuso, y su hermano Oscar lo dirigió, pero sólo en el disco. La censura y otras arbitrariedades impidieron que la obra pudiera tocarse en vivo hasta la noche del 20 de marzo de 2015 en el Auditorio de Belgrano. Fue originalmente concebida como expresión de rabia frente a la dictadura que había empezado con Onganía y que pronto seguiría con Levingston y Lanusse. (Unos años antes, a instancias de Arturo Jauretche, Jorge había creado El Grito) Sin sacar los pies del plato del jazz, el músico se nutrió de la contemporaneidad del género: atonalidad del free, estilo modal, ritmos de soul-jazz y algunas frases de bebop tardío. También el coro de armonías disonantes. Y el recitado. Eran los elementos en danza en aquel tiempo. Eligió a un par de solistas portentosos -el saxofonista Horacio “Chivo” Borraro y el pianista y flautista Fernando Gelbard – y se puso a escribir una partitura con partes improvisadas. Una partitura “libre” para una big band ajustada como pocas.

Tomar como materia de inspiración la obra de un músico argentino de jazz: qué buena idea. Homenaje, rescate, identificación: llámese como quiera, pero en cualquier caso se trata de un guiño positivo a nuestra historia cultural. Obviamente, el ensamble fundado por Juan Bayón, Mauricio Dawid y Damien Poots no se propuso tocar aquella música de nuevo, ni siquiera haciéndole variaciones diferentes (A propósito, no me gusta la moda actual de tocar discos clásicos de jazz, como Kind of blue o The Blues and the Abstract Truth, como si fueran piezas de museo). Se trató en cambio de escribir temas o “partes” nuevas prosiguiendo el concepto original. Esas partes fueron tituladas con frases del hermoso texto de Tcherkaski. Es verdad que se trabajó sobre las partituras de López Ruiz, pero el planteo orquestal presenta algunas diferencias. Por lo pronto, en el Kuai las cargas están volcadas sobre los saxofones, mientras en la orquesta de 1970 predominaba la brass (¡6 trompetas y tres trombones!), seguramente tras el objetivo de que, por contraste de timbre y masa sonora, los solos de Borraro pudieran brillar con mayor nitidez. Y vaya que brillaron.

No se encontrará en Soledades Permanentes citas textuales de Bronca Buenos Aires, pero sí la desconstrucción temática como una de las bellas artes. Tanto la introducción –“Un sueño casual” – como la primera parte – “Rumor de muerte”-, ambas compuestas por Jazmín Prodan, remiten de modo muy vívido al inicio de Bronca, allí donde se plantea, tanto desde el punto de vista poético como musical, el carácter de todo el concierto. Luego, en “Relatar el mundo”, de Andrés Elstein, se retoma la figura melorrítmica de “Relatos” pero complejizándola, suplantando la marcación funky por un latin groove irregular. En “Parte 3. Los silencios”, de Poots, se mantiene el tempo de “Amor Buenos Aires”, aunque el clima es más pesado, acaso por los modos arcaicos de sus primeras frases. Finalmente, para “Murmullos”, de Bayón, se optó por un inicio de tutti impactante, pero más a la manera del jazz contemporáneo que a la de Count Basie.

Ayer y hoy: una dialéctica definitoria del jazz como cultura musical que siempre - ¡pero siempre! – dialoga con su tradición. No tengo dudas de que los jazzeros argentinos del futuro considerarán Soledades Permanentes algo tan valioso como para nosotros hoy resulta Bronca Buenos Aires. Al fin y al cabo, sin desentendernos del duro “contenido” de ambas obras – la condición argentina es difícil, no hay vuelta que darle -, tenemos razones para alegrarnos. Por Jorge López Ruiz, justicieramente homenajeado. Por Ensamble Kuai, índice de la calidad de la que hoy goza el jazz en la Argentina. Y, sobre todo, por el modo en que finalmente las piezas perdidas de la música creativa del país han empezado a encontrar su lugar en el puzzle de la historia nacional.

Sergio Pujol es historiador y escritor (sergiopujol.com.ar)

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